El reformatorio Dozier: un viaje al corazón de las tinieblas en Estados Unidos

Investigadores encontraron los cuerpos de 55 niños enterrados en el reformatorio Arthur G. Dozier for Boys en Florida.

Investigadores encontraron los cuerpos de 55 personas en una tumba del reformatorio Arthur G. Dozier for Boys en Marianna, Florida (EE. UU.). Foto: AP.
Investigadores encontraron los cuerpos de 55 personas en una tumba del reformatorio Arthur G. Dozier for Boys en Marianna, Florida (EE. UU.). Foto: AP.

La identificación de uno de los 55 restos de chicos hallados en fosas sin marcar en el reformatorio público Dozier de Florida (Estados Unidos), que contaba con casetas de confinamiento, arroja luz sobre el oscuro pasado de este lugar en el que se sospecha que se cometieron brutales maltratos.

George Owen Smith. Este es el nombre del chico que tenía 14 años cuando fue enviado en 1940 por sus padres al reformatorio Arthur G. Dozier for Boys, situado en la pequeña y rural localidad de Marianna, en el noroeste de Florida. Nunca más fue vuelto a ver con vida por su familia.

La madre de Owen, Frances Smith, escribió en diciembre de 1940 una carta al superintendente del reformatorio, Millard Davidson, en la que le preguntaba por el estado de su hijo. La única respuesta que obtuvo del supervisor fue que nadie sabía dónde se encontraba.

Los restos del muchacho fueron hallados en una fosa anónima en la que fue enterrado de forma apresurada, envuelto apenas en una mortaja: así describen la exhumación del cadáver los científicos de la Universidad del Sur de Florida (USF), quienes desde el 2011 examinan y cotejan los registros y las identidades de decenas de chicos enterrados en este colegio clausurado ese año.

Se trata de los primeros restos exhumados e identificados de las 55 fosas anónimas que serán devueltos a sus familiares; en el caso de Owen a su hermana, Ovell Krell, quien se mostró muy conmovida este jueves en una conferencia en la que los investigadores de la USF revelaron algunos resultados.

La identificación del muchacho fue posible gracias a las pruebas de ADN practicadas a la hermana, que se cotejaron con la muestra extraída del esqueleto del chico.

«Puede que nunca sepamos las circunstancias completas que rodearon la muerte de Owen o por qué su caso fue manejado de tal manera», reconoció Erin Kimmerle, antropóloga forense y responsable del equipo de la USF que lleva a cabo el trabajo de campo, las excavaciones e la investigación científica.

Pero al menos, resaltó Kimmerle, «este chico recibirá, después de todos estos años, el derecho a la dignidad que se merece todo ser humano: el de ser enterrado con su propio nombre y de que su existencia sea reconocida». Y no en menor medida la entrega de los restos devolverá la paz a sus familiares.

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La identificación de los restos de Owen supone un significativo avance en el proyecto, que ha recibido autorización por parte de las autoridades del estado para que se prolongue hasta el 2015, dado la gravedad de los hechos y la enorme preocupación que han generado.

La documentación de más de un centenar de páginas que ha presentado la USF recoge una entrevista de 1949 al superintendente Arthur Dozier. En ella, Dozier describe «cómo el colegio se había transformado de una prisión y campo de trabajo en una escuela industrial»; menciona las «celdas oscuras» para aislamiento de los chicos más rebeldes y describe a los vigilantes de seguridad armados con pistolas.

El antiguo reformatorio, que albergó también a huérfanos y a niños de hasta 5 años, es objeto de investigación después de que antiguos alumnos de los años cincuenta y sesenta comenzaran, en el 2005, a denunciar que el personal y guardas infligían castigos físicos y abusaban sexualmente de ellos.

Pero, hasta el momento, la investigación científica en curso no ha podido confirmar este extremo, dijo Lara Wade-Martínez, portavoz de la USF y del proyecto en marcha.

«Eran solo niños. Uno de ellos llevaba una canica en el bolsillo», comentó Pam Bondi, fiscal general del estado, en referencia a un de los cuerpos exhumados.

En 1929, el reformatorio disponía de un edificio de detención con once habitaciones de cemento y dos módulos, uno para estudiantes blancos y otro para negros, construido para albergar a los alumnos violentos.

Ahora, la investigación y las excavaciones realizadas en el denominado Boot Hill Cemetery, del reformatorio, puede «invitar al debate y diálogo sobre los temas raciales, el castigo y la segregación» que sufrieron los estudiantes del antiguo colegio Dozier, apuntaron los autores del estudio.

El documento detalla episodios, como el del voraz incendio de 1914 en un dormitorio del colegio, que cobró la vida de muchos chicos; o los brotes registrados de enfermedades infecciosas.

La USF ha divulgado una relación de chicos enterrados en el antiguo reformatorio abierto en 1900. La lista incluye a los parientes de los menores enterrados en el antiguo reformatorio juvenil, que fue durante un tiempo el mayor de Estados Unidos y mantuvo, hasta 1960, dos campus segregados.